Identidades judías hoy: una mirada caleidoscópica

Nosotros tenemos, todos y cada uno, una historia biográfica, una narración interna, cuya continuidad, cuyo sentido, es nuestra vida. Podría decirse que cada uno de nosotros edifica y vive una “narración” y que esta narración es nosotros, nuestra identidad.

Si queremos saber de un hombre, preguntamos: “¿cuál es su historia, su historia real interior?” … Porque cada uno de nosotros es una biografía, una historia. Cada uno de nosotros es una narración singular, que se construye, continua, inconscientemente, por, a través de y en nosotros... a través de nuestras percepciones, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras acciones; y, en el mismo grado, nuestro discurso, nuestras narraciones habladas. Biológica, fisiológicamente, no somos distintos unos de otros; históricamente, como narraciones... somos todos únicos.

Oliver Sacks, “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, 1985. Barcelona:
Muchnik Editores, 1999, p. 148.

 

“Cada humano es una galaxia de diferencias específicas, insertas en otros tantos géneros próximos. La más diferenciada de las diferencias: la diferencia por excelencia. En suma, por antonomasia, la diferencia. A mí me ha tocado en suerte ser varón por sexo, blanco por el color de la piel, judío por la estirpe, argentino, porteño, racionalista, librepensador, hispanoparlante, etc.

Mi diferencia es única, impar, irrepetible. Mis papilas digitales y por ende mis huellas dactiloscópicas ostentan la más absoluta singularidad. Y si la superficie de mi cuerpo ostenta eso, ¿podría no ostentarlo el fondo de mi alma? … La humanidad es una universalidad de diferencias…”

 

Carlos M. Grunberg, 1965, en www.nativ.org.uy

Entendemos por identidad al conjunto de características propias que tiene una persona, que lo diferencian de los demás.

Cada uno de nosotros tiene varias características que refieren a la diversidad de grupos a los que pertenecemos. Cada individuo posee múltiples identidades:

•  de género

•  religiosas

•  de profesión

•  subjetivas

•  políticas...

Simon Herman diferencia entre:

• Identidad colectiva objetiva: la visión del hombre a los ojos del otro

• Identidad colectiva subjetiva. La forma en que cada individuo se ve a través de los ojos del otro

• La autoidentidad o autoconcepto: la representación del hombre a sus propios ojos

 

Bauman dice en su libro “Identidad” que, en una primera instancia, se debe “definir a la identidad como un proyecto, como un algo a inventar más que a descubrir; como un objetivo, algo que hay que construir desde cero, elegir entre ofertas de alternativas y luego luchar por ellas para protegerlas...”

Martin Buber acentúa la relación YO TÚ, dando prioridad al Tú como constitutivo de la identidad del Yo, en su libro “Yo y Tú “El hombre se torna un Yo a través del Tú. Aquello que lo confronta desaparece y los fenómenos de la relación se condensan o se disipan. En esta alternación, la conciencia del compañero que no cambia, del Yo, se hace más clara y cada vez más fuerte... Es la conciencia gradual de lo que tiende hacia el Tú sin ser el Tú. Pero se afirma con una fuerza creciente hasta que el lazo se rompe y el Yo se encuentra, como en el espacio de un relámpago, en presencia de sí mismo, como si se tratara de un Tú extraño; pero pronto retoma posesión de sí y desde entonces se ofrece conscientemente a la relación”.

Cada ser humano es único en medio de semejantes que no son idénticos entre sí. Como muy bien dice Martín Buber: “ En este mundo cada persona representa algo nuevo, algo que nunca ha existido todavía, algo único y original. Es deber de cada uno el saber... que nunca ha existido en el mundo nadie semejante a él, porque si hubiese existido alguien semejante a él, ya no sería necesaria su existencia. Cada persona en el mundo, es una cosa nueva y está llamada a realizar su peculiaridad

Respecto del yo y el tú y su mutua dependencia para autodefinirse, dice Bauman: “Preguntar quién eres tú sólo cobra sentido cuando se cree que uno puede ser alguien diferente al que se es. Sólo si se tiene que elegir y sólo si la elección depende de uno. Sólo si uno tiene que hacer algo para que la elección sea real y se mantenga, claro ”.

La identidad personal refiere a un mundo, a un entorno social, en tanto somos seres sociales y formamos parte de grupos de distinta naturaleza, cada uno de ellos con un sentido peculiar y un significado especial. Pero como sostiene Bauman, esto no siempre fue así. Dice este autor que hubo un tiempo en el que no existían ni la noción de identidad, ni la identidad como problema, y luego agrega que para la mayoría de la gente del siglo XVIII la sociedad como totalidad más elevada de cohabitación humana equivalía a la vecindad más inmediata, a la existencia en una sociedad de conocimiento mutuo, dentro de cuya red de familiaridad transcurría la vida entera. Esto tenía como consecuencia que el lugar de cada persona era de tal manera tan evidente y próximo, que no era necesario reflexionar sobre él, menos aún, negociarlo. Actualmente, en el medio líquido en el que transcurren las vidas de los hombres, el concepto de identidad se ha vuelto ambiguo hasta convertirse en una idea contradictoria, un término que queriendo unir, divide...

En esta línea, Jorge Elbaum afirma que asistimos a cierto deterioro de las identidades sólidas y estables, como solían conformarse años atrás. En su lugar, nos encontramos con múltiples identificaciones, en una suerte de “zapping identitario”; una lógica de probar, de entrar y salir sin compromiso ni proyección a futuro.

Construimos nuestra identidad en el encuentro con el otro, en una influencia recíproca.

Por lo antedicho es que consideramos a la identidad como una tarea a construir, como una tarea no completada, no culminada, permanentemente inacabada, que es necesario ir conformando de manera individual dentro de una referencia social.

Las identidades no son estáticas. Se van reconfigurando a lo largo de la historia, en contextos diversos. A veces las identidades entran en tensión y compiten entre ellas, por falta de compatibilidad.

Dice Levinas que la identidad es un cruce con el afecto, que tiene más que ver con el creer y el sentir que con la razón.

Entre los atributos de la identidad podemos mencionar:

1. Una creencia compartida: Toda identidad supone un lazo con el otro, un compartir algo con alguien.

2. Una estructura del sentir común: Suponer que el otro siente algo similar algo que siento yo, o que se conmueve con las mismas cosas que me conmueven a mí…

3. Cierta familiaridad: como ser, un origen común…

4. Un sentido de pertenencia y referencia: una “brújula cognitiva”, el saber que soy parte de algo, que no estoy solo.

5. Una articulación con la subjetividad, con la completitud del yo

6. Una comunidad compartida.

 

Bibliografía consultada:

 

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